En la localidad de Montecarlo, Misiones, un desgarrador caso de abuso sexual e incesto conmocionó a la provincia luego de que la Justicia decidiera no dar curso a la denuncia de la víctima alegando que los delitos prescribieron.
La denunciante, decidió romper el silencio a través de una carta abierta para exigir la reapertura de su caso, afirmando: “Cuando pude contar la verdad, ya era tarde”.
Según el relato de la víctima, los abusos por parte de su propio padre comenzaron cuando ella tenía apenas ocho años y se prolongaron de forma sistemática hasta que alcanzó la mayoría de edad. Como consecuencia de las reiteradas violaciones, la mujer tuvo un hijo con su progenitor.
A pesar de la gravedad de los hechos y de los múltiples intentos de la mujer por radicar la denuncia, las autoridades judiciales rechazaron tomar el caso. La denuncia formal fue presentada el 12 de febrero, pero la respuesta judicial fue el cierre por prescripción, lo que dejó a la víctima en un estado de total desamparo legal.
El calvario de Griselda no terminó con los abusos. En su declaración, reveló que al intentar denunciar lo ocurrido fue excluida por su propio núcleo familiar, con quienes no mantiene contacto hasta el día de hoy.
La mujer detalló las presiones sufridas por parte de su entorno cercano: “En mi familia quisieron que yo abortara y, al no lograr esto, me decían que diga el nombre de cualquier otra persona”. Este abandono familiar profundizó el daño emocional de una víctima que, según sus propias palabras, sufrió años de “silencio, miedo y consecuencias que marcaron para siempre mi vida”.
Ante la negativa de la Justicia, Griselda utilizó su carta abierta para interpelar a las autoridades y a la sociedad misionera. En uno de los pasajes más contundentes del texto, sostiene que, aunque la prescripción pueda cerrar un expediente, “no borrará la memoria, no borrará el daño causado y no borrará mi voz”.